viernes, 24 de septiembre de 2010

fuera los de fuera (te partes II)

Bueno, a falta de mayor inspiración+tiempo+ganas, os dejo aquí la segunda parte del relato sobre tito. El caso es que escribí la primera y segunda parte del tirón el otro día, pero solo quise publicar la mitad por si al redactar el final decidía cambiar algo... bueno, ya que no he escrito nada más por el momento, cuelgo esto y os dejo con la mierda en la boca el finde, a ver si lo termino y para el lunes teneis el mejor y más emocionante de los finales para tan gran historia.

 ...

 En menos de seis horas se encontraba deambulando por las calles de Vigo, y es que nuestro intrépido, a la par que desgraciado, protagonista hizo el viaje del tirón sin parar, sin para ni a mear. Era bien entrada la noche y decidió que pasaría una buena noche antes de buscar un barco que zarpara rumbo sudamerica la mañana siguiente. “Me encantaría meterme cocaína” pensó, y acto seguido se encontró un camello andando por la calle. Miró al cielo como si alguien lo hubiese puesto ahí tras su mística petición y decidió acercarse para entablar conversación:

-          -A juzgar por tu atuendo yo diría que eres el típico camello gallego, verdad?
-          -Anda gilipollas, bastante tengo con no haber conseguido nada mejor que esta mierda de curro como para que vengas tú a tocarme las pelotas. Si compras un paquete de camel te regalo un mechero, es todo lo que puedo hacer por ti.
-          -Vamos que no eres más que un pringao disfrazado de camello. Vaya decepción tronco, yo pensaba que lo típico en Galicia eran los camellos que regalaban cocaína…
-          -Mira capullo si fueses otra persona ya te había untado a palos, pero debe ser la cara de FEO que tienes que me has caído bien. Si quieres pillar cocaína entra en aquel bar de allí y dirígete al tipo más peculiar que veas.

 No cabía lugar a dudas, aquel hombre solitario de larga y enredada barba con una cinta en la frente y un parche en el ojo, que llevaba tirantes sobre camisa grisácea llena de lamparones y remiendos. Aquel que sostenía una pipa cansinamente con los dientes y que mostraba un elegante bastón apoyado en el lateral de la mesa, aquel debía ser el hombre indicado.

-        - Disculpe, es usted el camello del lugar?
-        - A juzgar por los negocios que me traigo entre manos se podría decir que sí, lo soy. Al igual que podría decirse que es usted gilipollas.
-V. Carreño encogió los hombros a modo de respuesta-
-         - Dígame joven, qué se le ofrece?
-         - Bueno,  la verdad es que me gustaría comprar algo de “cocaína de la buena”, sabe?
-         - Con que cocaína de la buena, eh? Entonces está usted ante la persona indicada, pero dígame una cosa… qué entiende usted por “cocaína de la buena”? no está al tanto de que en Galicia SOLO tenemos buena cocaína?
-         - Bueno, es una manera de hablar, nada más. La verdad es que después de los últimos acontecimientos necesito enzarparme como un pollo a su polla.
-         - De verdad que a cada palabra que escupe me reafirmo en mi convencimiento de que es usted subnormal, aún así, y creo que debe ser por la cara de FEO que tiene, he decidido ofrecerle un buen trato.

 Un intento de respuesta a modo de gesto facial, una mueca, media sonrisa, intento fallido de enarcar las cejas. Nada. Mientras tanto el peculiar camello se mesaba la barba en espera de algo, tal vez una respuesta, un gesto. Al ver que nada de esto sucedería, y tras un suspiro de conformismo y paciencia, decidió emprender de nuevo la conversación.

continuará...

miércoles, 22 de septiembre de 2010

Canciones ofrecidas playlist de Alma Letal

Canciones ofrecidas playlist de Alma Letal

Escucha aquí algunas canciones del nuevo disco de Alma Letal Despertar

lunes, 20 de septiembre de 2010

relatos fuera de tiempo

bueno, hoy he empezado a escribir el relato sobre Puto. Es un poco mierda y todavía no he terminado. De hecho me acabo de estancar con la parte final y, como estoy en el curro y tengo que hacer cosas, he decidido subirlo por partes para que veais que estoy escribiendo y de paso adquirir una especie de compromiso a terminarlo en próximas fechas.


Fuera los de fuera (te partes I) 

 Un trabajo, eso era, SOLO un trabajo, pero le había arrebatado lo que más  quería. A quien quería engañar, eso no era lo que le había quitado la vida a su mujer. Pero si al menos hubiese estado allí con ella… tal vez podría haber hecho algo...

 Su mente no dejaba de cruzar pensamientos a toda velocidad, pero nada de eso ya importaba. El hecho era que su mujer y su hijo habían muerto en el mismo momento del parto y él no había estado allí con ellos. Tantas horas  trabajando, haciendo horas extra para terminar este o aquel proyecto. Perdiendo millones de euros para encontrarlos unos metros de fibra óptcia más allá. Tantas risas y copas de pacharán los jueves por la noche… todo eso no había hecho sino engordar absurdamente su cuenta corriente, pues lo único que necesitaba para vivir lo había perdido en un suspiro… “y yo no estaba allí” se repetía una y otra vez.
 Aquella mañana se fue como tantas veces a trabajar tras un duro fin de semana. Apenas unos metros antes de entrar por la puerta de Coritel notó un dolor en los pies “pie derecho con zapato izquierdo… eso no está bien Tito. AH! NO solo eso sino además la americana tiene las costuras por fuera”- esgrimió una sonrisa y se dijo a sí mismo- “maldito John Cor! Realmente estas consiguiendo que me supere”. Un lunes que empieza bien y se trunca apenas llegado el mediodía, pues de vuelta a casa para comer encuentra una patrulla de la guardia civil en el portal de su finca. “esto no me huele bien” pensó- y no iba nada mal encaminado-

-          - Es usted Vicente Carreño?
-          - El mismo que viste y calza – contestó Tito tratando de quitarle hierro al asunto.
-           -Lamento tener que informarle de que su mujer ha tenido un parto prematuro… cuando ha llegado la ambulancia era demasiado tarde… no se ha podido hacer nada por ella ni por su hijo…
-           -Cómo? Pe-pe-pero eso no puede ser!! Está usted seguro? – no podía creer lo que escuchaba, o mejor dicho no quería creerlo. Sabía que algo iba a suceder desde que se levantó por la mañana, y aún así…
-          - Por favor si quiere puede acompañarnos para identificar los cuerpos sin vida…
-           -Si fuesen tan amables de darme un nº de teléfono les llamaré esta tarde, ahora solo quiero estar solo.

 Y así fue como V. Carreño descubrió que su vida había terminado. Ya nada tenía sentido pues no volvería a sentir los suaves labios de P. Illis, ni el calor de su cuerpo desnudo, no volvería a ver su lacia melena tocada por el fuego, ni aquella pecosa y dulce sonrisa. Todo aquello se había ido para siempre, así como estaba a punto de hacer él. No tardó ni tres segundos en darse cuenta de lo que tenía que hacer. Saldría rumbo a Cuba inmediatamente. Donde otros habían encontrado una nueva vida, él encontraría la muerte y, aunque había tomado la determinación de hacerlo, no correría descontroladamente hacía ella.

 Tomar un avión no era una opción, la simple idea de morir ahogado en mitad del océano le hacía hiperventilar. Aunque podría ser peor, caer en una isla desierta para terminar muriendo en una alfombra roja a manos de un francotirador… Eso no iba a suceder, tomaría un barco y para ello debía partir de inmediato rumbo a Galicia. Previo paso por un estanco para comprar “miles” (de pitis, por si alguno aún no sabe que a V. Carreño le encanta fumar), emprendió su viaje al volante de su flamante C5’us, que bien podría haber pensado más de uno que era un ferrari a juzgar por la velocidad a la que circulaba, ya que debajo de aquella gruesa capa de mugre podía esconderse cualquier cosa.

continuará...



lunes, 13 de septiembre de 2010

El mejor relato de la historia

Aqui está mi relato, el personaje que me toco era Tigana.

 Bosques en llamas

– Quemadlo todo....
El fuego consumío el bosque, miles de ciervos emigraban a lugares menos calurosos, bandadas de pájarOs remontaban el vuelo. El humo negro se elevaba al cielo ocultando al sol la devastación. Ambulancias, coches, luces de camaras y un reportero que comentaba la situación mirando hacia una camara envuelta en un plástico que evitaba la intrusión de la ceniza.

Dos neuronas recibieron la información a cientos de kilometros, con complejos mecanismos químicos comentaban la situación.
'un bosque quemado en Galicia'
'Otro más, manda información a la zona de banalidades'
'No puedo, esta calificado como dato importante''
Nos traerá problemas obvia esa calificación'
'Tarde, ya a sido vista por la parte consciente'
'¡¡¡no¡¡¡'

Tigana miraba horrorizada la televisión, otro incendio. Tendría que investigar lo sucedido, ya era el tercero en la misma zona de Galicia en menos de tres meses. Demasiada casualidad. Demasiados intereses. Encendió su ordenador y inicio varias búsquedas, alguna empresa tendría que ganar dinero con esto, algún rastro tendría que dejar. Cogió una goma y se la enrolló sobre el pelo negro que caía sobre sus hombros. La coleta le caía por la espalda meneandose a la par que ella iba negando con la cabeza.No encontraba nada.

Las neuronas seguían transmitiendo información.
'la conexión de los hechos está a punto de realizarse en la parte consciente'
'¿no podemos hacer nada?'
'Estoy mandando infromación inconexa para ver si la despisto'
'esto puede ser peligroso, tendremos que pensar otro plan'
'Parece que ha encontrado algo, una empresa compro terrenos aledaños a la zona de los tres incendios, con un poco de mano política podría hacerse con una gran extensión'
'¿construcción?'
'si'

Tigana sonreía, 'Construcciones Iglesias', los tenía, pero serian necesarias pruebas si quería meterlos entre rejas. Preparó su mochila, era hora de visitar Galicia, si los mapas no le fallaban había una zona de bosque que había sobrevivido al primer incendio. Esta zona aun separaba dos extensiones bastante amplias perteneciente a la empresa constructora. Seria su proximo lugar de actuación, si vigilaba el camino principal que rEcorría la zona podría llegar a dar con el autor de los incendios. Con un poco más de suerte la detención del autor material llevaría a la policia hasta el mandamás de la organización. Miro su foto en Internet, busco su correo y mando un mensaje a esa dirección. Maldito Rael Iglesias, pagaras tu destrucción de la naturaleza.

'Te detendré, no expoliaras más nuestros bosques'
Rael Iglesias borro el E-mail despreocupado, tantas amenazas vacias. A su lado estaba sus arquitectos explicándole los últimos pormenores del proyecto. El no atendía, aun le faltaba algo por hacer, depidío a todos los arquitectos menos a Enrique.
-Como es posible, tu hombre debía quemar el bosque en un sólo incendío- la indignación crecía en Rael.
-Lo se, parece que la meterología no le ha ayudado.
-Le hemos pagado demasiado para que nos haga esta chapuza, estamos haciendo demasiado ruido. No me gustaría que la prensa empezará a husmear.
-No te preocupes está será la definitiva, y no ataran cabos hoy van a arder muchas más hectareas en otra zona de Galicia, esto desviará la atención.
-De acuerdo, no voy a permitir más fallos.
Enrique salío del despacho dejando al magnate sólo, en ese momento Rael Iglesias se fijo en la maqueta que había sido objeto de la reunión. Sobre unas montañas un pueblo, centros comerciales, parques de atracciones, millones de euros. Sonreía.

Las neuronas continuaban quimicamente preocupadas.
'La información no da lugar a dudas, es una empresa peligrosa'
'Por quí ya saben que nos acercamos al bosque, a la zona que marco en el mapa'
'He intentado despistarla con ideas banales pero no hace caso'
Mandaron señales de preocupación a todos los lugares del cerebro. Pero nadie escuchaba sus llamadas, parecía que había otras procupaciones.

Tigana había subído la montaña, una posición privilegiada tras 4 horas de fatigosa marcha. Observo el lugar que había marcado en el mapa, tenía que ser alli. Saco una cazadora y se coloco sobre una roca. A través de sus prismáticos veía todo lo que pasaba en la zona de abajo, un hombre amontonaba ramas secas. Tigana lo vío. Bajó corriendo con un palo. Los veinte minutos de bajada se le hicieron interminables. Debía llegar a tiempo. Allí estaba. El hombre se sorprendío al verla salir de la maleza, aunque más sorprendido quedó tras notar un fuerte golpe en la cabeza y nada más.

Las neuronas continuaban su periplo.
'Lo ha matado''se le ha ido de las manos'
'un desastre ahora no se como vamos a salir de esta'
'Mira el plan que está maquinando''¿chantajear al empresarío?'
'Le va a hacer venir hasta aquí para grabarle en una conversación con ella luego se la pasará a la policia, va a la carcel pero salva los bosques, Estamos perdidos es un plan desesperado'
'Es decir carcel o la muerte, nos van a pegar un tiro'
'De todas formas la parte consciente está en shock quizas podamos aprovecharlo'

Rael Iglesias estaba indignado. Conducía el coche a toda velocidad por el camino de Tierra. Enrique miraba curioso al magnate, los matones de atrás no cambiaban el gesto, le habían visto coger la pistola, se iba a armar una buena. Nunca le gustaron la amenazas. Sobre el monticulo Tigana esperaba con el cuerpo del esbirro y una grabadora en el bolsillo Rael Iglesias salío del coche con la pistola oculta en la cazadora indico al resto que no se bajará.
– Maldita zorra, que coño haces.
– Salvar los bosques de gente sin escrupulos. Tu eres un virus para la sociedad gente como tu nos lleva a la destrucción del planeta, nos lleva a unas vidas banales y sin contenido.
– Joder pero si está muerto,- sacó la pistola.
Tigana no se esparaba esto.

Las neuronas si.
'bombardeadla ahora'

Los niveles de adrenalina subían al ver a Rael Iglesias con la pistola, miles de imagenes del hombre muerto poblaron su cabeza, había matado un ser vivo, no podía resistirlo.Rael Iglesias vío caer a la mujer antes de que tuviese intención de disparar, la movío con el pie. Desmayo completo. Esto le dío una idea.
– Metedla en el maletero, coged el cuerpo y llamad a la policia.
Enrique arqueo una ceja, sin entender lo que sucedía. Rael Iglesias sonreía.

– Quemadlo todo.

Una tele daba noticias en una cárcel, en ella aparecía Tigana en el juicio, 20 años de cárcel por asesinato, 10 más por quemar miles de hectareas. Tigana sentada en su celda no entendía nada, nadie la había creido, las pruebas eran claras, como había llegado a esto, 30 años inactiva, algún día Rael Iglesias lo pagaría. Maquinaba su venganza.

Dos neuronas mandaban señales de tranquilidad.
'¿que tenemos hoy?'
'Nada, datos de venganza por un lado, pero la mayoría de la información viene de la tele de la celda'
'¿algo importante?'
'banalidades, solo banalidades'.
Las neuronas disminuyeron lentamente su actividad.

sábado, 11 de septiembre de 2010

Esto es lo que hay...

Bueno chavales, debido a que no recibo nada y el archivo de Tito no soy capaz de abrirlo (no sé en q programa estará hecho pero no es uno que yo tenga) he decidido colgar mi relato. Que cada cual cuelgue el suyo cuando le salga del pene o cuando le salga la inspiración. Mi personaje protagonista es Alex. Aquí va:


Un día de Mayo, 2010

- Noooooooooooooooooo!!! Hijos de putaaaaaaaaaaa!!!! Nooooooooooooooooooooo!!!! Cuatro años… cuatro años!! Nooooooooo!! Os mataré… si os matareeeeeeeeeeeeeeeee!!! – Cuando Alex se levantó del sofá comenzó a destrozar todo a su paso. Eran las 9 de la mañana y algún vecino todavía dormía cuando empezaron a escucharse los estruendos de los objetos del salón rompiéndose contra la pared. Su ira era imparable…
- Alejandro ¿¡qué estas haciendo!? ¿Te has vuelto loco? – dijo su madre según entraba en el salón y se agachaba para no ser alcanzada por el florero que su hijo pequeño acababa de lanzar. – Enrique, ¡haz algo! – le imploró a su hijo mayor, aunque rápidamente se dio cuenta de que tampoco él estaba en condiciones. Su mirada estaba perdida y no gesticulaba. Tan solo las lágrimas caían de sus ojos y un pequeño tembleque enfermizo le recorría el cuerpo. La situación empeoraba por momentos y ya, sin saber qué decir para detener a su enloquecido hijo, decidió pedir ayuda al 112.

Para cuando la policía llegó la casa estaba destrozada. No quedaba nada entero salvo su hermano, la silla que ocupaba y el televisor sujeto en las manos de Alex. Cuando el primer representante de la ley cruzó la puerta gritó: - Alto, policía!! – la joven agente recordaría durante toda su vida ese momento. Su primera herida en servicio y curiosamente no fue una bala lo que lo produjo sino un plasma LG de 32 pulgadas.

Cuando la chica recobró el conocimiento vio a 10 de sus compañeros intentando mantener reducido al joven rubio que había perdido la cabeza, mientras el Samur trataba de reanimar a su hermano, el cual había quedado en estado de shock, seguramente debido a lo que acababa de presenciar.
- ¿Qué es lo que ha ocurrido para que se ponga así? Si realmente dice que su hijo no ha padecido jamás ningún síntoma de esquizofrenia, algún motivo habrá habido para su comportamiento. – preguntó un agente.
- Agente le aseguro que no entiendo nada. Lo que menos me cabía esperar era ver a mis dos hijos levantados tan pronto y en este estado. Ayer no salieron por lo que dudo que estén bajo los efectos del alcohol o de cualquier droga, aunque visto lo visto…
- Está bien – dijo el agente – tendrá que acompañarnos a prestar declaración. Hay 5 heridos de los cuales 3 son policías, esto no pinta nada bien para su hijo. – terminó. Acto seguido dio la orden de volver a comisaría.


Un día de Agosto, 2010

- ¿Qué tal está Kike madre? – preguntó Alex. A pesar de la mala calidad del sonido de los teléfonos de prisión, su madre pudo notar el tono depresivo de su hijo. Habían pasado 3 meses desde el incidente y aún seguía sin saber más de lo que vio. Alex no había dado ninguna explicación a nadie a cerca de lo ocurrido y todavía lo mantenían sedado para calmar su imperecedera ira.
- Tu hermano sigue sin hablar. Sinceramente, no sé lo que pasó aquel día, pero estoy segura de que debe haber alguna razón. ¿Por qué no nos cuentas lo ocurrido? Seguro que el juez lo entenderá y te dejará en libertad.
- No busques lógica en todo esto madre. El juez no podrá retenerme más de dos meses más aquí. Será entonces cuando empiece la cuenta atrás... Pienso vengarme, por mí, por mi hermano y por el resto. Y no mostraré piedad, como hicieron ellos.
- Hijo, me estas asustando. Jamás hubiera pensado que acabarías así…
- Yo tampoco pensé en este final madre, pero así ha sido… y lo pagarán…


Dos meses después

El roce del viento en su cara le era bastante agradable. Allí estaba él, Alejandro Ortí, moviéndose a 30 millas por hora por Holliwood Boulevard con su Chevrolet rojo descapotable. Había tirado la casa por la ventana para llevar a cabo su maléfico plan, pero todo esfuerzo merecería la pena si al final era capaz de saborear su venganza.
Giró la cabeza y vio que la manta que cubría el asiento de atrás se había caído ligeramente, dejando entrever al compañero que le ayudaría en su arriesgada empresa: un rifle Steyr Mamlincher de gran calibre y munición hueca. Según la página web mexicoarmado.com, donde había adquirido el arma y la licencia de forma “semi fraudulenta”, esta máquina de matar era conocida entre los más sanguinarios miembros de las FARC como “el huracán” debido a lo poco que dejaba a su paso cuando era disparada. Era perfecta.
Alex se inclinó y volvió a extender la manta, incluso en Norteamérica era un tanto sospechoso tener un arma de ese tipo. Todas las calles estaban infestadas de policía aunque en la ciudad se respiraba aire de celebración. Las estrellas televisivas se reunirían al día siguiente en el gran teatro Nokia para recibir los famosos premios EMMY y esto estaba presente en el ambiente. En frente de este épico e histórico lugar se encontraba el piso que había alquilado, el lugar perfecto que sería testigo de su vendeta. Ya estaba llegando, poco le separaba de cumplir su plan, por fin podría vengarse, por fin podría matar…


El dia de la venganza

Sonó el despertador para anunciar que había llegado la hora. Alex comenzó a empaquetar sus pertenencias en la maleta que apenas había deshecho. Su vuelo salía en 3 horas y no tendría demasiado tiempo después para entretenerse en ello. Tampoco quería dejar rastro alguno, por lo que fue muy cuidadoso de no dejar ningún objeto personal, huella dactilar o pelo que le llevaran a él. Colocó la silla junto a la ventana y comenzó a limpiar el rifle. No sabía cuantas balas gastaría, por lo que tuvo que preparar todas las que tenía.

Cuando terminó, se sentó y comenzó a apuntar a la alfombra roja, que ya estaba rodeada de periodistas que se peleaban por un buen lugar donde hacer su fotografía.
- Huge!! Huge here!!! – gritaban todos cuando salió del coche el actor más conocido en su país como Dr. House.
- Viva un día más para contarlo señor Laurie – Dijo Alex mientras le dejaba de apuntar. No es que le tuviera especial afecto, pero esa no era su guerra. Tenía bien claro a qué había venido y no desperdiciaría ninguna bala. Había mucho que matar…

La gente empezó a gritar desenfrenadamente cuando apareció la enorme limusina, lo cual anunciaba que habían llegado.
Ellos, que tan altas expectativas habían generado. Ellos, que tantos pelos habían erizado. Ellos, que tantos adeptos habían ganado y tanta esperanza habían difundido para ver la mejor serie de la historia… Ellos, que tantas ilusiones habían roto. Ellos, que de tantos suicidios habían sido responsables. Ellos, que le habían hecho perder la cabeza durante cuatro largos años para después tirarlos a la basura con esa mierda de final. Ellos… estaban apunto de pagar las consecuencias.

Alex asió el rifle tembloroso cuando vio salir del coche a D. Lindelof , JJ Abrams y J. Liebre. Ahí estaban los principales responsables, ahí estaban los hijos de puta que habían hecho a su hermano caer en un trance eterno, ahí estaban los cabrones que habían hecho no dar crédito a sus ojos.
Decidido, quitó el seguro y apuntó al primero aunque… en ese momento se cruzaron algunos de los actores protagonistas pertenecientes a aquella maldita serie por delante de su objetivo. Algunos buenos recuerdos se le pasaron por la cabeza, momentos de la tercera temporada cuando todo era maravilloso. “Woodwind, Izan…” - resonó en su cabeza - “You gonna die charlie”, “We have to go back Kate…”. Por un momento, sintió que se le volvía a erizar el pelo, que volvía a sentir algo por la serie, que quería seguir creyendo… Todo el sentimiento se hundió en un mar de dudas que le llegaron a la mente cuando intentó buscar sentido alguno y esto desembocó en el primer disparo. Las caras del señor Abrams y Liebre se llenaron de sesos de etiqueta Lindelof.
- Joder pues si que es un huracán – añadió para seguir disparando. Acto seguido le llegó el turno a los otros dos guionistas, después a Lock – “muere calvo de mierda” – después a Kate – “maldita zorra” – siguió con Jack – “ahora estas muerto imbécil” -, Charlie – “¿you gonna die?” -, Desmond – “¿Penny?” - , Julliet – “puta” -, Ben - “payaso”-, Hugo – “al limbo gordo de mierda” - , Richard – “¿Isabela?” – Jacob – “ves con mamá cerdo” – , el humo negro – “smoky” – sawyer – “muere madero de palo” -, el piloto, el chino-moreno, el chino del templo, su colega el gafas, Claire, Aaron…

La gente corría y gritaba de terror con sus caras llenas de sangre. Alex, que lo tenía todo planeado, se llenó la cara de tomate y bajó a la calle a toda velocidad. Se pudo introducir entre la multitud aún llevando una maleta en la mano y pasar desapercibido. Siguió corriendo varias manzanas y se desvió por un callejón no transitado donde comenzó a limpiarse la cara. Cuando salió llegó a la boca del metro que le conduciría al aeropuerto y después con su familia. Contaba ya las horas que le quedaban para contarle a su hermano lo ocurrido, “quizá así despierte” pensó.

Horas después aterrizaba en Madrid. Cogió un periódico y lo abrió por la página donde hablaban de lo ocurrido. Un montón de muertos, una conmoción social y tres sospechosos árabes detenidos…
- Pues si que están perdidos – se dijo así mismo en voz alta, para después empezar a reír de forma cruel y malvada.


fin

jueves, 2 de septiembre de 2010

Relatos, segunda parte

Bueno ladys & gentleman, el segundo certamen de relatos está apunto de comenzar...

Deciros que hasta ahora los señores Alex, Morenian y Tito han terminado y entregado los relatos. Los señores Rael y Puk están a punto de terminarlos también, por lo que al menos contaremos con 5 grandes historias con las que entretenernos. Insto al resto de señores y señoritas a que participen y que se den prisa en hacerlo, pues el día 10 serán publicados todos los que haya.


Así que: "Al loro"


Dense el gustazo de participar...

lunes, 30 de agosto de 2010

Bunbury nos muestra a Enrique


Antes de nada espero abrir aquí la brecha para que me deis envidia por aquí y comenteis algunas de las historias del veranito que seguro habrá muchas. A continuación os dejo mi crítica del último disco de Bunbury, no sin antes avisaros que, a pesar de la calidad de este trabajo, el que no conozca su carrera en solitario debería empezar por escuchar otros discos como "Flamingos" o "Hellville Deluxe":


El último disco de Enrique Ortiz de Landázuri Izarduy, conocido como Enrique Bunbury, es su trabajo más íntimo, personal, reposado y oscuro. Parco en instrumentación (que no en número de instrumentos utilizados) ahonda en algunos de los sentimientos humanos más recónditos. Ostensiblemente las letras tratan el desamor y la incomunicación. Homogéneo en sus canciones y a su vez distinto a todos sus trabajos anteriores. Crudo, se asemeja al estilo directo de Cash, Dylan o Cave. Acompañado de una banda de músicos espectaculares, una muy sólida formación que ya le acompañó en Helville Deluxe (2008) y su posterior gira. Cuenta también con unas colaboraciones de lujo, entre las que cabe destacar la voz deliciosa de Miren Iza (Tulsa) en ‘Frente a Frente’ y los arreglos de cuerda de Ana Belén Estaje. Un soberbio trabajo por el que Bunbury no será recordado y con temas que raramente se convertirán en hits. Harto recomendable escucharlo con los cascos puestos, saboreando las letras y los acertados arreglos.
Nota: 8,5

P.D.: desde Cork se os echó de menos...

jueves, 5 de agosto de 2010

Otra entradita: esta es para los de Martin

Os pongo el capítulo de Tyrion de Danza de Dragones que el maldito barba-amarilla ha puesto en su blog, pero traducido por si alguien se lo quiere leer.

TYRION

Bebió todo el camino a través del Mar Angosto.

El barco era pequeño y su cabina aún más, y el capitán no le dejaba subir a cubierta. El balanceo de la madera bajo sus pies le provocaba arcadas, y la espantosa comida que le servían tenía incluso peor sabor cuando le volvía a subir a la garganta. Además, ¿para qué necesitaba carne salada, queso duro y pan amasado con gusanos cuando tenía vino para alimentarse? Era rojo y avinagrado, muy fuerte. A veces también le daba arcadas, pero siempre había más.

-El mundo está lleno de vino-, refunfuñaba en la oscuridad de la cabina. Su padre nunca había tolerado a los borrachos, ¿pero qué importaba? Su padre estaba muerto. Tyrion lo sabía; él lo había matado. “Una flecha en el vientre, mi señor, y todo para ti. Si hubiese sido mejor con la ballesta, te la habría metido a través de la polla con la que me hiciste, maldito bastardo.”

Bajo cubierta nunca era de día ni de noche. Tyrion medía el tiempo por las idas y venidas del chico que le traía la comida que él no comía. El chico siempre traía un cubo y un cepillo, para limpiar.

-¿Esto es vino dorniano? -le preguntó Tyrion una vez, mientras sacaba el tapón de un odre-. Me recuerda a cierta serpiente que conocí. Un compañero curioso, hasta que una montaña le cayó encima.

El chico no respondió. Era feo, aunque no tanto como cierto enano con media nariz y una cicatriz del ojo hasta la barbilla.

-¿Te he ofendido? -le preguntó al muchacho hosco y silencioso mientras frotaba el suelo-. ¿Te han ordenado que no me hables? ¿O es que algún enano estafó a tu madre?

Tampoco hubo respuesta. “Esto es inútil”, Tyrion lo sabía, pero tenía que hablar con alguien o se volvería loco, así que insistió.

-¿A dónde navegamos? ¿Se trata de Braavos? ¿Tyrosh? ¿Myr? -Tyrion hubiese preferido Dorne. “Myrcella es mayor que Tommen, según las leyes de Dorne el Trono de Hierro le pertenece. La ayudaré a reclamar su derecho, como el Príncipe Oberyn sugirió”.

Oberyn estaba muerto, sin embargo, su cabeza convertida en una ruina sangrienta por el guantelete de Ser Gregor Clegane. Y sin la Víbora Roja para insistirle, ¿llegaría Doran Martell a considerar una idea tan arriesgada? “En vez de eso, podría encadenarme y llevarme de vuelta con mi querida hermana.” El Muro sería más seguro. El Viejo Oso Mormont había dicho que la Guardia de la Noche necesitaba hombres como Tyrion. “Mormont puede estar muerto, sin embargo. Puede que Slynt sea ahora el Lord Comandante”. Ese hijo de un carnicero no habría olvidado quién lo envió al Muro. ¿Quiero pasarme el resto de mi vida comiendo carne salada y gachas con asesinos y ladrones?” Aunque el resto de su vida no sería muy largo. Janos Slynt se encargaría de eso.

El chico mojó el cepillo y restregó con fuerza.

-¿Has visitado las casas de placer de Lys? -le preguntó el enano-. ¿Puede ser donde van las putas? -Tyrion no conseguía recordar la palabra valyriana para “puta”, y en todo caso ya era demasiado tarde. El chico lanzó el cepillo al cubo y se marchó.

“El vino me ha embotado los sentidos”. Había aprendido a leer Alto Valyriano en las rodillas de su maestre, aunque lo que hablaban en las Nueve Ciudades Libres... bien, no era tanto un dialecto como nueve dialectos en camino de convertirse en lenguas distintas. Tyrion sabía algo de Braavosi y tenía nociones de Myriano. En Tyroshi era capaz de maldecir a los dioses, llamar tramposo a un hombre y pedir una cerveza, gracias a un mercenario que conoció en Roca Casterly. “Al menos en Dorne hablan la Lengua Común”. Como la comida dorniana y la ley dorniana, el habla dorniana estaba especiada con los aromas del Rhoyne, pero uno podía entenderla. “Done, sí, prefiero Dorne.” Anadeó hasta el camastro agarrando ese pensamiento como una niña a su muñeca.

El sueño nunca llegaba fácilmente a Tyrion Lannister. A bordo de ese barco rara vez llegaba, aunque de vez en cuando conseguía beber bastante vino para perder el sentido un rato. Al menos no soñaba. Ya había soñado bastante para una vida corta. “Y vaya estupideces: amor, justicia, amistad, gloria. Tan útil como soñar con ser alto.” No podría conseguir nada de eso, lo sabía. Pero no sabía a dónde van las putas.

-Al lugar de donde vienen las putas-, había dicho su padre. “Sus últimas palabras, y vaya palabras”. El arco silbó, lord Tywin se volvió a sentar, y Tyrion Lannister se encontró anadeando a través de la oscuridad con Varys a su lado. Debía haber entrado por el hueco otra vez, dos cientos treinta peldaños hasta donde ascuas naranjas brillaban en la boca de un dragón de piedra. No se acordaba de nada. Sólo del sonido del arco, y el hedor de los intestinos de su padre al soltarse. “Incluso muriendo, encontró una manera de cagarse en mí”.

Varys lo había guiado a través de los túneles, pero no hablaron hasta que salieron al lado del Aguasnegras, donde Tyrion había conseguido una célebre victoria y perdido una nariz. Entonces el enano se giró hacia el eunuco y le dijo:

-He matado a mi padre.

Con el mismo tono con el que un hombre podría decir, ”Me he dado un golpe en el dedo”. El maestro de los susurros vestía como un hermano pordiosero, ropa apolillada de tela basta con una cogulla que ensombrecía sus gordas mejillas lisas y su cabeza redonda y calva.

-No deberíais haber subido por esa escalera-, le reprochó.

-Adonde van las putas. -Tyrion le advirtió a su padre que no dijese esa palabra. “Si no hubiese disparado, se habría dado cuenta de que mis amenazas eran vacías. Me habría arrancado el arco de las manos, como una vez me arrancó a Tysha de entre los brazos. Ya se levantaba cuando lo maté.”

-También he matado a Shae- le confesó a Varys.

-Ya sabíais lo que era.

-Sí. Pero no sabía lo que era él.

Varys titubeó.

-Y ahora lo sabéis.

“También tendría que haber matado al eunuco”. Un poco más de sangre en las manos, ¿qué hubiese importado? No sabía qué había detenido su daga. No la gratitud. Varys lo había salvado de la espada del verdugo, pero sólo porque Jaime lo había obligado. “Jaime... no, mejor no pensar en Jaime.”

En vez de eso encontró un odre de vino, y lo chupó como si fuesen la teta de una mujer. El vino amargo cayó sobre su barbilla y le empapó la túnica sucia, la misma que llevaba en la celda. Chupó hasta que se acabó el vino. El suelo se mecía bajo sus pies, y cuando intentó levantarse se movió de lado y lo lanzó contra un mamparo. “Una tormenta” supuso, “o estoy más borracho de lo que creo”. El vino le dio arcadas y se estuvo así un rato, planteándose si la nave se hundiría.

“¿Es tu venganza, Padre? El Padre de Arriba te ha convertido en su Mano?”

-Es el precio de matar a un familiar- dijo mientras el viento aullaba en el exterior. No parecía justo ahogar al chico y al capitán y al resto de la tripulación por algo que no habían hecho, ¿pero desde cuándo los dioses eran justos? Y de nuevo pensando en eso, la oscuridad lo engulló.

Cuando pudo moverse de nuevo, la cabeza parecía arderle y el barco giraba en círculos mareantes, aunque el capitán insistía en que habían llegado a puerto. Tyrion le pidió que se estuviese quieto, y pataleó débilmente mientras un marinero enorme y calvo lo levantaba bajo un brazo y lo llevaba, retorciéndose, hasta la bodega, donde lo esperaba un barril de vino vacío. Era un barril pequeño y rechoncho, ajustado hasta para un enano. Tyrion forcejeó, pero no sirvió de nada. Acabó dentro del barril, la cabeza primero, con las rodillas apretadas contra sus orejas. El agujero que era su nariz le dolía horriblemente, pero tenía los brazos tan apretados que no llegaba a rascarse. “Un palanquín hecho para un hombre de mi estatura”, pensó mientras amartillaban la tapa y lo cargaban. Oyó gritos mientras lo sacaban. Cada movimiento hacía que su cabeza golpease contra el fondo del barril. El mundo giró y giró mientras el barril rodaba hacia abajo, luego se paró con un súbito choque que casi le hizo gritar. Otro barril golpeó contra el suyo, y Tyrion se mordió la lengua.

Fue el viaje más largo de su vida, aunque seguramente no duró más de media hora. Lo subieron y bajaron, lo giraron y apilaron, lo dejaron hacia arriba y hacia abajo y luego lo giraron de nuevo. A través de las barras de madera oía hombres gritando, y una vez un caballo relinchando cerca. Las piernas atrofiadas empezaron a dolerle, y pronto dolían tanto que olvidó el martilleo en la cabeza.

Acabó como había empezado, con otro empujón que lo dejó mareado y más atontado. Voces extranjeras hablaban fuera en una lengua que no conocía. Alguien empezó a martillear en lo alto del barril y la tapa se partió de repente. La luz inundó el barril, y luego el aire frío. Tyrion jadeó ansiosamente e intentó levantare, pero sólo consiguió tumbar el barril de lado y derramarse sobre un suelo de tierra compacta.

Sobre él se levantaba un grotesco hombre gordo con una barba amarilla partida en dos, sosteniendo un mazo de madera y un cincel de hierro. Sus ropas eran lo bastante grandes para servir de pabellón de un torneo, pero el cinturón se le había desatado, exponiendo un vientre enorme y un par de tetas pesadas que caían como sacos de sebo cubiertos de grueso vello amarillo. A Tyrion le recordó a una foca marina muerta que una vez acabó en las cavernas bajo Roca Casterly.

El hombre gordo miró hacia abajo y sonrió.

-Un enano borracho- dijo en la Lengua Común de Poniente.

-Una foca marina putrefacta-. La boca de Tyrion estaba llena de sangre. La escupió a los pies del hombre gordo. Estaban en una bodega oscura y larga con bóvedas en el techo, las paredes manchadas de nitre. Barriles de cerveza y vino los rodeaban, bebida más que suficiente para mantener a un enano sediento durante las noches. “O durante una vida.”

-Eres insolente. Me gusta eso en un enano. -Cuando el hombre gordo rió, sus carnes se balancearon tan fuerte que Tyrion temió que se cayese y lo aplastase-. ¿Tienes hambre, mi pequeño amigo? ¿Estás cansado?

-Sediento. -Tyrion se arrodilló penosamente-. Y sucio.

El hombre gordo olfateó.

- Un baño primero, eso sí. Luego comida y una cama blanda, ¿sí? Mis sirvientes se ocuparán de eso-. Su anfitrión dejó la maza y el cincel. -Mi casa es tuya. Y un amigo de mi amigo de más allá del agua es un amigo de Illyrio Mopatis, sí.

“Y cualquier amigo de Varys la Araña es alguien en quien confiaré hasta que pueda largarme.”

El hombre gordo cumplió su promesa del baño, al menos... aunque tan pronto como Tyrion se hundió en el agua caliente y cerró los ojos cayó dormido.

Se despertó desnudo en un cama rellena de plumas de oca tan suave y profunda que se sintió como si una nube lo acunara. Tenía la garganta áspera y sentía la lengua como si le creciesen pelos, pero tenía la polla tan dura como una barra de hierro. Rodó de la cama, encontró un orinal y empezó a llenarlo con un gemido de placer.

La habitación estaba oscura, pero había rendijas de luz del sol asomando a través de las tablillas de las contraventanas. Tyrion sacudió las últimas gotas y anadeó sobre alfombras Myrianas tan blandas como hierba reciente de primavera. Torpemente trepó al escalón de la ventana y empujó las contraventanas para ver adónde Varys y los dioses lo habían enviado.

Bajo la ventana seis cerezos permanecían como centinelas alrededor de un estanque de mármol, sus ramas esbeltas desnudas y marrones. Un chico desnudo permanecía en el estanque, preparado para un duelo con una espada bravoosi en la mano. Era pequeño, y guapo, no tenía más de dieciséis años, con pelo rubio y liso que le rozaba los hombros. Parecía tan lleno de vida que el enano tardó largo rato en darse cuenta de que estaba hecho de mármol pintado, aunque la espada brillaba como acero real.

De un extremo a otro del estanque había un muro de ladrillos de 4 metros de alto, con picas de hierro a lo alto. Detrás estaba la ciudad. Un mar de tejados se amontonaban alrededor de una bahía. Tyrion vio torres cuadradas de ladrillo, un gran templo rojo, una mansión lejana sobre una colina. A lo lejos resplandecían los rayos de sol sobre el mar abierto. Botes pesqueros se movían a través de la bahía, las velas tensándose con el viento, y pudo ver mástiles de barcos mayores apretándose a lo largo del puerto de la bahía. “Seguro que alguno va hacia Dorne, o hacia Guardiaoriente del Mar.” Pero no tenía medios para pagar el pasaje, ni podía ponerse a remar. “Supongo que podría contratarme como chico de cabina y ganarme el viaje dejando que la tripulación me follase a través del Mar Angosto.” Se preguntó dónde estaba. “Incluso el aire huele diferente aquí.” Especias extrañas perfumaban el aire fresco de otoño, y podía oír débiles gritos más allá del muro, de las calles que había cerca. Se parecía un poco al valyriano, pero no reconocía más de una palabra de cada cinco. “No es Braavos”, decidió, “ni Tyrosh.” Las ramas peladas y el frío en el aire decían que tampoco Lys ni Myr ni Volantis.

Cuando oyó la puerta abriéndose bajo él, Tyrion se giró para enfrentarse a su gordo anfitrión.

-Esto es Pentos, ¿verdad?

-Eso mismo. ¿Qué sino?

Pentos. Bien, al menos no era Desembarco del Rey.

-¿A dónde van las putas? -se oyó a sí mismo preguntar.

-Las putas aquí están en los burdeles, igual que en Poniente. No tendrás necesidad de eso, mi pequeño amigo. Escoge entre mis criadas. Ninguna se atreverá a rechazarte.

-¿Esclavas? -preguntó el enano, mordaz.

El hombre gordo se mesó una de las puntas de su barba amarilla y aceitosa, un gesto que Tyrion encontró marcadamente obsceno.

-La esclavitud está prohibida en Pentos, según los términos del tratado que los Braavosi nos impusieron hace un siglo. Sin embargo, no te rechazarán. -Illyrio le hizo una media reverencia-. Pero ahora mi pequeño amigo tiene que perdonarme. Tengo el honor de ser magíster de esta gran ciudad, y el príncipe nos ha convocado a una reunión. -Sonrió, mostrando una boca llena de dientes torcidos amarillos-. Puedes explorar la mansión y los subterráneos, pero no salgas más allá de estos muros. Es mejor que ningún hombre sepa que estuviste aquí.

-¿Estuve? ¿Me he ido a algún lugar?

-Tendremos tiempo de hablar de eso esta noche. Mi pequeño amigo y yo comeremos y beberemos y haremos grandes planes, ¿sí?

-Sí, mi gordo amigo -replicó Tyrion. “Quiere usarme para su propio beneficio”. Siempre se trataba de beneficios con los príncipes mercaderes de las Ciudades Libres. “Soldados de las especias y señores del queso”, los llamaba su padre con desdén. Si llegaba el día en que Illyrio Mopatis veía mayores beneficios en un enano muerto que en uno vivo, Tyrion se encontraría metido en otro barril al anochecer. “Sería mejor si me marchase antes de que llegue ese día” Que el día llegaría no lo dudaba; Cersei no era de las que olvidaban, y hasta Jaime podría haberse enfadado al encontrar una flecha en el vientre de Padre.

Un viento ligero ondeaba las aguas del estanque alrededor del espadachín desnudo. Le recordó cómo Tysha se acariciaba el cabello durante la falsa primavera de su boda, antes de que ayudase a los hombres de su padre a violarla. Había estado pensando en esos hombres durante su huida, intentando recordar cuántos hubo. Uno creería que debía recordarlo, pero no. ¿Una docena? ¿Una veintena? ¿Un centenar? No podía decirlo. Todos hombres mayores, altos y fuertes... aunque todos los hombres eran altos para un enano de trece años. “Tysha sabe cuántos eran”. Cada uno de ellos le había dado un venado de plata, así que sólo necesitaba contar las monedas. “Una de plata por cada uno de ellos y una de oro por mí.” Su padre había insistido en que él también pagase. “Un Lannister siempre paga sus deudas.”

-A donde van las putas- oyó decir a Lord Tywin una vez más, y una vez más la cuerda del arco silbó.

El magíster lo había invitado a explorar la mansión. Encontró ropas limpias en un baúl de cedro con incrustaciones de lapislázuli y madreperla. Mientras luchaba por ponérselas se dio cuenta de que habían sido tejidas para un niño pequeño. Su factura era lo bastante rica, aunque estaban algo rancias, pero el corte era demasiado largo de las piernas y demasiado corto de los brazos, con un cuello que le habría puesto la cara tan negra como la de Joffrey si de alguna manera no lo hubiese abierto. Al menos no apestaban a vómito.

Tyrion empezó su exploración por la cocina, donde dos mujeres gordas y un pinche lo miraron mansamente mientras cogía queso, pan e higos.

-Buenos días, encantadoras mujeres -dijo con una reverencia-. ¿Sabéis por casualidad a dónde van las putas?

Cuando no respondieron, repitió la pregunta en Alto Valyriano, aunque tuvo que decir cortesana en vez de puta. La más joven y más gorda de las cocineras se encogió de hombros.

Se planteó qué harían si las cogía de la mano y las arrastraba hasta su cama. “Ninguna te rechazará”, había alegado Illyrion, pero de algún modo Tyrion no creía que se refiriese a estas dos. La más joven era lo bastante vieja para ser su madre, y la mayor era seguramente la madre de la otra. Ambas estaban casi tan gordas como Illyrio, con tetas mayores que su cabeza. “Podría ahogarme en carne”, reflexionó. Había formas peores de morir. Como había muerto su padre, por ejemplo. “Tendría que haberle hecho cagar un poco de oro antes de expirar.” Lord Tywin había sido tacaño con su afecto y aprobación, pero siempre había sido generoso a manos llenas con el oro. “Lo único más triste que un enano sin nariz es un enano sin nariz que no tiene oro”.

Tyrion dejó a la mujer gorda con sus barras de pan y sus ollas y fue en busca de la bodega donde Illyrio lo había recibido la noche anterior. No fue difícil de encontrar. Había bastante vino para mantenerlo borracho durante cien años; dulces vinos de la marca y vinos fuertes de Dorne, pálidos Pentoshi de tono ámbar, el néctar verde de Myr, tres veintenas de barriles del oro de Arbor, incluso vinos del fabuloso este, de Meeren y Qart y Asshai de la Sombra. Al final, Tyrion se decidió por un barril de vino fuerte marcado como la cosecha privada de Lord Runceford Redwyne, el abuelo del actual Lord de Arbor. Su gusto era potente y fuerte en la lengua, el color un morado tan oscuro que incluso parecía negro en la oscura bodega. Tyrion llenó una copa, con una medida generosa, y lo llevó arriba, a los jardines, para beber bajo los cerezos que había visto.

Sin embargo, salió por la puerta equivocada y no pudo encontrar el estanque que había espiado desde la ventana, pero no importó. Los jardines detrás de la mansión eran igual de agradables, y mucho mayores. Vagó durante un rato por ellos, bebiendo. Los muros habrían avergonzado a un castillo de verdad, y las picas de hierro ornamentales que había a lo alto parecían extrañamente desnudas sin cabezas que las adornasen. Tyrion se imaginó cómo quedaría la cabeza de su hermana ahí arriba, con alquitrán en el pelo dorado y moscas entrando y saliendo de su boca. “Sí, y Jaime tendría que poner su pica detrás”, decidió. “Nadie debe interponerse entre mi hermana y mi hermano.”

Con una cuerda y unas picas podría pasar sobre el muro. Tenía los brazos fuertes y no pesaba mucho. Con una cuerda podría alcanzar las picas y encaramarse por encima. “Buscaré una cuerda por la mañana”, decidió.

Vio tres puertas durante sus vagabundeos; la entrada principal con su garita, una casita para los perros y la puerta de un jardín oculta tras una maraña de hiedra. La última estaba cerrada con una cadena, las otras dos, guardadas. Los guardias eran regordetes, sus rostros lisos como el culo de un bebé, y cada hombre llevaba un casco con una pica de bronce. Tyrion reconocía a los eunucos cuando los veía. Conocía a los de su tipo por su reputación. No temían nada y no sentían dolor, se decía, y eran leales a sus amos hasta la muerte. “Podía utilizar a unos cuantos centenares de los míos”, pensó Tyrion. “Lástima que no lo pensase antes de convertirme en un mendigo.”

Caminó a lo largo de una galería con columnas y a través de un arco puntiagudo, y se encontró en un patio embaldosado donde una mujer lavaba unas ropas en un pozo. Parecía de su misma edad, con el pelo rojo corto y un rostro claro salpicado de pecas.

-¿Te apetece un poco de vino? -le preguntó. Lo miró insegura. -No tengo copa para ti, tendremos que compartirlo. -La lavandera volvió a escurrir túnicas y colgarlas para que se secasen. Tyrion se sentó en un banco de piedra con su odre de vino. -Dime, ¿hasta qué punto puedo confiar en el magíster Illyrio? -El nombre la hizo levantar la cabeza-. ¿Tanto? -Riéndose, se cruzó de piernas y dio otro trago-. Soy difícil de usar sea cual sea la parte que el quesero tiene en mente para mi, ¿pero cómo puedo rechazarlo? Las puertas están guardadas. Tal vez tú podrías sacarme a escondidas bajo tus faldas? Te estaría tan agradecida, vaya, hasta me casaría contigo. Ya tengo dos esposas, ¿por qué no tres? Ah, ¿pero dónde viviríamos? -Le dedicó una sonrisa tan agradable como podía un enano sin nariz. -Tengo una sobrina en Lanza del Sol, ¿te lo he dicho? Podría organizar más de una travesura en Dorne con Myrcella. Podría enzarzar a mi sobrina y mi sobrino en una guerra, ¿no sería eso divertido? -La lavandera tendió una de las túnicas de Illyrio, lo bastante grande para usarla como una vela.- Debería avergonzarme de tener esos pensamientos malvados, tienes razón. Mejor si voy hacia el Muro. Todos los crímenes se limpian cuando un hombre se une a la Guardia de la Noche, dicen. Aunque me temo que no me permitirían conservarte, preciosa. Ninguna mujer en la Guardia, no dulces mujeres pecosas para calentarte la cama por la noche, sólo vientos fríos, bacalao salado y poca cerveza. ¿Crees que pareceré más alto de negro, mi señora? -Se volvió a llenar la copa-. ¿Qué dices? ¿Norte o sur? ¿Debo compensar viejos pecados o cometer algunos nuevos?

La lavandera le dirigió una última mirada, cogió su cesta y se fue. “Parece que no puedo mantener una esposa por mucho tiempo”, pensó Tyrion. De alguna forma, su odre se había quedado seco. “Tal vez debería tropezar de nuevo con esa bodega.” El vino fuerte estaba haciendo que su cabeza girase, sin embargo, y las escaleras hacia la bodega estaban muy lejos.

-¿A dónde van las putas? -le preguntó a la ropa tendida en línea. Tal vez debería habérselo preguntado a la lavandera. “No quiero decir que seas una puta, preciosa, pero tal vez sabes a dónde van.” O aún mejor, tendría que habérselo preguntado a su padre.

-A donde sean que vayan las putas- había dicho Lord Tywin. “Me quería. Era la hija de un granjero, me quería y se casó conmigo, confió en mí.” El odre vacío se le escapó de las manos y rodó por el patio.

Haciendo una mueca, Tyrion saltó del banco y fue a recogerlo, pero mientras lo hacía vio algunas setas que crecían en una grieta entre las baldosas del suelo. Eran de un blanco pálido, con motas, y ribetes rojos tan oscuros como la sangre bajo la cabeza. El enano arrancó una y la olió. Deliciosas, pensó, o letales. ¿Pero cuál? ¿Por qué no ambas? No era un hombre lo bastante valiente para clavarse acero frío en el vientre, pero un mordisco de una seta no era tan difícil. Había siete de esas setas, vio. Tal vez los dioses intentaban decirle algo. Las cogió todas, destendió un guante, las envolvió con cuidado y se las metió en el bolsillo. El esfuerzo lo dejó mareado, sin embargo, así que luego anadeó de nuevo hasta el banco, se hizo un ovillo y cerró los ojos.

Cuando se despertó de nuevo, estaba de vuelta en su habitación, ahogándose en el lecho de plumas de ganso mientras una chica rubia lo sacudía por el hombre.

-Mi señor -le dijo-, el baño está preparado. El magíster Illyrio os espera en su mesa en una hora.

Tyrion se recostó contra las almohadas con la cabeza entre las manos.

-¿Sigo soñando, o hablas la Lengua Común?

-Sí, mi señor. Me han traído para satisfacer al rey. -Tenía los ojos azules y era rubia, joven y esbelta.

-Seguro que sí. Necesito una copa de vino.

Ella se lo sirvió.

-El Magíster Illyrio dice que debo rascaros la espalda y calentar vuestra cama. Mi nombre-....

-No me interesa. ¿Sabes adónde van las putas?

Ella enrojeció.

-Las putas a sí mismas se venden por dinero.

-O joyas, o vestidos, o castillos. ¿Pero adónde van?

La joven no entendió la pregunta.

-¿Es un acertijo, mi señor? No se me dan bien. ¿Me diréis la respuesta?

“No”, pensó. “Yo también detesto los acertijos”.

-No te diré nada. Hazme el mismo favor. -“La única parte de ti que me interesa es la que está entre tus piernas”, iba a decirle. Tenía las palabras en la boca, pero por algún motivo no atravesaron sus labios. “No es Sahe”, se dijo el enano a sí mismo, “sólo alguna pequeña idiota que cree que juego a las adivinanzas”. De hecho, ni siquiera su coño le interesaba demasiado. “Debo de estar enfermo, o muerto”. -¿Has mencionado un baño? Muéstramelo. No debemos hacer esperar al quesero.

Mientras se bañaba, la chica le lavó los pies, le frotó la espalda y le peinó el cabello. Luego lo untó las pantorrillas con una pomada aromática para mitigarle el dolor, y lo vistió otra vez con ropa de niño, unos pantalones color burdeos y un vestido azul con rayas de hilo de oro.

-¿Me necesitará mi señor después de comer? -le preguntó mientras le ataba las botas.

-No. Ya he acabado con las mujeres-. Putas.

La chica se tomó la decepción demasiado bien para su gusto.

-Si mi señor prefiere un chico, puedo tener uno esperando en el lecho.

Mi señor preferiría a su esposa. Mi señor preferiría a una chica llamada Tysha.

-Sólo si sabe adónde van las putas.

La boca de la chica se atirantó. “Me desprecia”, se dio cuenta, “pero no más de lo que yo me desprecio a mí mismo”. Tyrion Lannister no dudaba de que se había follado a muchas mujeres que detestaban siquiera verlo, pero las otras al menos tenían la cortesía de fingir afecto. Un poco de odio honesto podía ser refrescante, como un vino agrio tras demasiado dulce.

-Creo que he cambiado de idea -le dijo-. Espérame en la cama. Desnuda, por favor. Espero estar demasiado borracho para hurgar entre tus ropas. Mantén la boca cerrada y los muslos abiertos y los dos nos llevaremos perfectamente. -Le dirigió una mirada lasciva, esperando algo de temor, pero todo lo que vio fue repulsión. “Nadie teme a un enano.”Ni siquiera Lord Tywin había tenido miedo, pese a que Tyrion sostenía un arco entre las manos. -¿Gimes mientras te están follando? -le preguntó a la calientalechos.

-Si mi señor lo desea.

-Tu señor podría desear estrangularte. Así es como utilicé a mi última puta. ¿Crees que tu amo protestaría? Seguro que no. Tiene a un centenar más como tú, pero a nadie más como yo. -Esta vez, cuando ella sonrió, Tyrion obtuvo el miedo que quería.

Illyrion estaba recostado en un diván acolchado, tragando pimientos picantes y cebollas de un cuenco de madera. Tenía la frente perlada de gotas de sudor, los ojos de cerca brillando sobre las gordas mejillas. Las joyas danzaban cuando movía las manos: ónice y ópalo, ojo de tigre y turmalina, rubí, amatista, zafiro, esmeralda, azabache y jade, un diamante negro y una perla verde. “Yo podría vivir durante años de sus anillos”, pensó Tyrion, “aunque necesitaría una cuchilla para cogerlos”.

-Acércate y siéntate, mi pequeño amigo -Illyrio le hizo gestos para que se acercase.

El enano se encaramó a una silla. Era demasiado grande para él, un trono con almohadones preparado para acomodar las enormes nalgas del magíster, con patas gruesas y sólidas para sostener su peso. Tyrion Lannister había vivido toda la vida en un mundo que era demasiado grande para él, pero en la mansión de Illyrio Mopatis el sentido de la desproporción alcanzaba dimensiones grotescas. “Soy un ratón en la guarida de un mamut”, se planteó, “pero al menos el mamut tiene una buena bodega”. El pensamiento le hizo tener sed. Pidió vino

-¿Habéis disfrutado de la chica que os envié? -preguntó Illyrio.

-Si hubiese querido una chica os habría pedido una. Me falta la nariz, no la lengua.

-Si no ha podido complaceros...

-Ha hecho todo lo que le he pedido

-Eso espero. Fue entrenada en Lys, donde han hecho un arte del amor. Y habla vuestra Lengua Común. El rey la disfrutó enormemente.

-Yo mato reyes, ¿no lo habéis oído? -Tyrion sonrió malvadamente sobre su copa de vino-. No quiero los restos reales.

-Como deseéis. Comamos. -Illyrio aplaudió y unos criados llegaron corriendo.

Empezaron con un caldo de cangrejo y rape, y sopa fría de huevo y lima. Luego llegaron codornices con miel, espalda de cordero, hígados de oca bañados en vino chirivías de mantequilla y cerdo en su jugo. Ver todos esos platos hizo que Tyrion se sintiese mareado, pero se obligó a probar una cucharada de sopa por mera educación, y tras probarla ya estuvo perdido. Las cocineras podían ser viejas y gordas, pero sabían hacer su trabajo. Nunca había comido tan bien, ni siquiera en la corte.

Mientras sorbía la médula de los huesos de una codorniz, le preguntó a Illyrio por las citas que había atendido por la mañana. El hombre gordo se encogió de hombros.

-Hay problemas en el este. Astapor ha caído, y Meereen. Ciudades de esclavos ghiscarias que ya eran viejas cuando el mundo era joven.

El cerdo en su jugo estaba trinchado. Illyrio cogió unos cuantos chicharrones, los hundió en salsa de ciruela y los comió con los dedos.

-La Bahía de los Esclavos está a un largo camino de Pentos -dijo Tyrion mientras pinchaba un hígado de oca con el cuchillo. “No hay ningún hombre tan maldito como el que mata a los de su sangre”, se recordó a sí mismo, sonriendo.

-Así es -asintió Illyrio-, pero el mundo es una gran telaraña, y ningún hombre puede tocar una sola hebra sin hacer que las otras tiemblen-. Volvió a dar palmadas-. Vamos, comed.

Los criados trajeron una garza rellena de higos, chuletas de ternera blanqueadas con leche de almendras, arenques de color crema, cebollas caramelizadas, quesos de olor nauseabundo, platos de caracoles y pan dulce, y un cisne negro aún con plumas. Tyrion rechazó el faisán, que le recordaba a una cena con su hermana. Se sirvió garza y arenques, sin embargo, y unas pocas cebollas caramelizadas. Y los criados le llenaban la copa cada vez que la vaciaba.

-Bebéis mucho vino para ser un hombre tan pequeño.

-Matar a los de tu propia sangre es un trabajo árido. Le provoca a uno sed.

Los ojos del hombre gordo relucieron como las gemas de sus dedos.

-Algunos en Poniente dirían que matar a Lord Lannister fue simplemente un buen comienzo.

-Mejor que no lo digan donde mi hermana pueda oírlo, o perderán la lengua. -El enano partió una barra de pan por la mitad-. Y vos mejor que tengáis cuidado con lo que decís de mi familia, magister. Haya matado a los de mi sangre o no, aún soy un león.

Eso pareció divertir al señor del queso sin límite. Se palmeó un muslo carnoso y dijo:

-Todos los de Poniente sois iguales. Bordáis una bestia en un pedazo de seda, y de repente sois leones o dragones o águilas. Puedo llevaros hasta un león de verdad, mi pequeño amigo. El príncipe está muy orgulloso de su zoo. ¿Os gustaría compartir jaula con él?

“Los Lores de los Siete Reinos hacen demasiado caso de sus emblemas”, tuvo que admitir Tyrion.

-Muy bien -admitió-. Un Lannister no es un león. Sin embargo aún soy el hijo de mi padre, y a Jaime y a Cersei los mataré yo.

-Qué extraño que mencionéis a vuestra rubia hermana -dijo Illyrio, entre caracol y caracol-. La reina ha ofrecido un título al hombre que le lleve vuestra cabeza, no importa lo bajo que sea su nacimiento.

No era menos de lo que Tyrion había esperado.

-Si esperáis ocuparlo, haced también que ella se os abra de piernas. Mi mejor parte a cambio de su mejor parte, eso es un trato justo.

-Preferiría mi propio peso en oro-. El quesero se rió tan fuerte que Tyrion tuvo miedo de que se rompiese e inundase a su invitado en anguilas y dulces a medio digerir-. Todo el oro de Roca Casterly, ¿por qué no?

-El oro os lo garantizo -dijo Tyrion-, pero la Roca es mía.

-Eso mismo-. El magíster se cubrió la boca y lanzó un fuerte eructo-. ¿Creéis que el Rey Stannis os la dará? Me han dicho que es un hombre de ley. Podría concederos Roca Casterly, ¿no es así? Vuestro hermano lleva la capa blanca, así que según las leyes de Poniente sois el heredero de vuestro padre.

-Stannis podría concederme la Roca -admitió Tyrion-, pero también está ese pequeño asunto de regicidio y matar a mi sobrino. Por eso me rebajaría la altura en una cabeza, y ya soy lo bastante bajo ahora. ¿Pero por qué pensáis que me uniría a Lord Stannis?

-¿Por qué otra razón iríais al Muro?

-¿Stannis está en el Muro? -Tyrion se rascó la nariz-. ¿Qué demonios está haciendo Stannis en el Muro?

-Tiritar. Eso creo. Dorne es más cálido. Tal vez debería haber navegado por ese camino.

Tyrion empezó a sospechar que cierta lavandera pecosa sabía más de la Lengua Común de lo que fingía.

-Resulta que mi sobrina Myrcella está en Dorne. Y tengo a medio pensar un plan para convertirla en reina.

Illyrio sonrió mientras sus criados llenaban tazones de cerezas negras con crema para ambos.

-¿Qué os ha hecho esa pobre niña, para que deseéis su muerte?

-Ni siquiera el que mata a alguien de su sangre tiene que matar a toda su familia -dijo Tyrion, molesto-. Coronarla, he dicho. No matarla.

El quesero comió unas cerezas con su cuchara.

-En Volantis utilizan una moneda con una corona en una cara y la cabeza de la muerte en la otra. Pero es la misma moneda. Coronarla es matarla. Puede que Dorne se alce por Myrcella, pero Dorne solo no es suficiente. Si sois tan listo como nuestro amigo insiste, lo sabéis.

Tyrion miró al gordo con renovado interés. “Tiene razón en ambas cosas. Coronarla es matarla. Y lo sé.”

-Sólo me quedan gestos inútiles. Éste haría que mi hermana derramase lágrimas amargas, al menos.

El magíster Illyrio se limpió la crema de la boca con el dorso de su gorda mano.

-El camino a Roca Casterly no pasa por Dorne, mi pequeño amigo. Ni corre junto al Muro. Y sin embargo existe, os lo aseguro.

-Soy un traidor confeso, un regicida y alguien que mata a los de su sangre-. La charla sobre caminos lo molestó. “¿Se cree que esto es un juego?”

-Lo que hace un rey, otro puede deshacerlo. En Pentos tenemos un príncipe, amigo. Preside las fiestas y banquetes y pasea por la ciudad en un palanquín de marfil y oro. Tres heraldos le preceden con las balanzas del comercio, la espada de hierro de la guerra, y el azote de plata de la justicia. El primer día de cada año tiene que desflorar a la doncella de los campos y a la doncella de los mares. -Illyrio se inclinó hacia adelante, los codos sobre la mesa-. Pero si perdemos una cosecha o una guerra, le cortamos la garganta para apaciguar a los dioses, y escogemos un nuevo príncipe entre las cuarenta familias.

Tyrion resopló por el agujero que era su nariz.

-Recordadme que nunca me convierta en el Príncipe de Pentos.

-¿Tan diferentes son vuestros Siete Reinos? No hay paz en Poniente, ni justicia, ni fe... pronto no habrá ni comida. Cuando los hombres mueren de hambre y están enfermos de miedo, buscan a un salvador.

-Pueden buscar, pero si lo único que encuentran es a Stannis...

-Stannis no. Ni Myrcella. Otro. -La sonrisa amarilla se ensanchó-. Otro. Más fuerte que Tommen, más suave que Stannis, con más derechos que Myrcella. Un salvador llegado de más allá del mar para vendar las heridas de Poniente.

-Bonitas palabras -Tyrion no estaba impresionado-. Pero las palabras se las lleva el viento. ¿Quién es ese maldito salvador?

-Un dragón. -El quesero miró la cara que había puesto Tyrion y se rió-. Un dragón de tres cabezas.